[A] Reseñas de ClubDante

Fernando Iwasaki
Perú

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Las leyes de la frontera.


 

La tribu de los chinos castizos

 

         Para un latinoamericano que haya leído antes Soldados de Salamina (2001), La velocidad de la luz (2005) y Anatomía de un instante (2009) -los tres libros más universales de Javier Cercas-, la primera impresión que podría sacar de Las leyes de la frontera (Mondadori, 2012) es que se trata de la más española de las obras del escritor extremeño. ¿Más española que Soldados de Salamina, que tenía como telón de fondo la guerra civil? ¿Más española que Anatomía de un instante, que era un ensayo acerca del fallido golpe del 23-F? Sin duda, porque Las leyes de la frontera tiene numerosos vasos comunicantes con la educación sentimental de una generación de españoles que descubrió de golpe y a la vez la libertad, las drogas, el sexo y la democracia, cuatro cosas susceptibles de convertirse en un cóctel explosivo no sólo por novedosas, sino sobre todo por haber estado prohibidas.

            Por otro lado, «quinqui» es una voz que no existe en el castellano de América y que no remite absolutamente a nada, mientras que en España sirve para definir una estética marginal, una jerga suburbial y una serie de expresiones musicales, literarias y audiovisuales que nacieron para exaltar la figura de ciertos delincuentes de la España de los años 70, como el «Vaquilla», el «Torete», el «Fitipaldi» o el «Pepsicolo». Así, Las leyes de la frontera narra la vida de un quinqui de la Transición –el «Zarco»-, cuyos códigos, aventuras, batallas y persecuciones asocia Cercas a una serie japonesa de los 70 -The Water Margin- y que Televisión Española emitió bajo el título de La frontera azul: “durante aquel verano mi ciudad era China, Batista era Kao Chiu, el Zaeco era Lin Chung, Tere era Hu San-Niang, el Ter y el Onyar eran el Liang Shan Po (…) En cuanto a mí, era un ciudadano recto que se había rebelado contra la tiranía y que estaba ansioso de dejar de ser sólo una serpiente (o solo un hombre) y aspiraba a ser un dragón (o un ejército) y que, cada vez que cruzaba el Ter o el Onyar para reunirme con el Zarco y con Tere, era como si cruzase la frontera azul, la frontera entre el bien y el mal y entre la justicia y la injusticia”. Por lo tanto, para despistar más todavía, los quinquis eran una tribu de chinos castizos.

            No obstante, y a pesar de las referencias locales y costumbristas, lo que los lectores de Javier Cercas reconocemos sin dificultad en Las leyes de la frontera son las señas de identidad de su universo narrativo. En primer lugar, alguien que quiere escribir una historia cuyo desarrollo es la propia novela y que entrevista a diversos personajes para poder ponerla en pie, tal como sucede en El móvil (1987), Soldados de Salamina, La velocidad de la luz y Anatomía de un instante. También descubriremos un protagonista que sufre en sus carnes los estragos de la caída, el descrédito y el ridículo, igual que en El inquilino (1989), El vientre de la ballena (1997) y La velocidad de la luz, porque la asunción de la conciencia supone un descenso a los infiernos. Y -en tercer lugar- el fastuoso dominio de Javier Cercas para crear figuras novelescas heroicas, pues el «Zarco» ha sido construido con los mismos materiales del miliciano Miralles de Soldados de Salamina, del ex–combatiente Rodney Falk de La velocidad de la luz y hasta del Adolfo Suárez de Anatomía de un instante. Y conste que se trata de tres modelos heroicos absolutamente distintos entre sí.

            ¿Cuáles serían los elementos nuevos que aporta Las leyes de la frontera a nuestro conocimiento de la obra de Javier Cercas? Aunque la novela no tiene la ambición política de sus obras más conocidas porque su asunto medular es una desaforada historia de amor, encuentro muy bien traídas las trifulcas literarias entre la comunidad catalana y el gobierno central con respecto a la reiserción del Zarco, así como la presunta rentabilidad política de la rehabilitación de un preso por parte del sistema penal autonómico. Pienso que en Las leyes de la frontera la influencia del poder no es lo principal, pero Cercas consigue que influya lo justo en aspectos tan menudos como la lucha contra la delincuencia, la política penitenciaria y las campañas mediáticas de creación de falsos mitos y derribo de prestigios verdaderos, tal vez lo más jugoso de la novela para un lector no español.

            La construcción del mito mediático del «Zarco» y la venganza de su mujer de paja se me antojan la clave de Las leyes de la frontera, pues la historia reciente de los medios de comunicación es riquísima en ejemplos de heces homo convertidos en estrellas populares gracias a la estimulación de los esfínteres más canallas de la audiencia. Esas otras «leyes» que rigen dentro de la pseudo-realidad audiovisual, resultan mucho más obscenas y repugnantes que las de los quinquis, los presos y los yonquis.

            Finalmente, hasta Las leyes de la frontera no he tenido tan claro lo importante que es la música en la narrativa de Javier Cercas. Si Suspiros de España era la canción de Soldados de Salamina e It’s alright, ma (I’m only bleeding) era el tema de La velocidad de la luz, en Las leyes de la frontera también resuena una canción que sólo es posible identificar traduciendo la novela del castellano al inglés. Sobre todo porque Tere le hace un «giving head» al «Gafitas» en los baños de los Recreativos Vilaró y porque el periodista contratado por Ignacio Cañas le pregunta al inspector Cuenca si piensa que el «Gafitas» era un middle-class teen ager talking a walk on the wild side. En Las leyes de la frontera Cercas menciona a Chet Baker, Bob Marley, The Bee Gees, Boney M, Rod Stewart, Dire Straits, Status Quo, Tom Jones, Donna Summer y Clift Richard, pasando por Los Chichos, Las Grecas, Los Amaya, Peret, Perales, Pablo Abraira, Franco Battiato, Gianni Bella y Umberto Tozzi. Pero ni una sola vez cita a Lou Reed, a pesar de que Tere es clavada a la Candy Darling de su canción: Candy came from out on the Island. / In the backroom she was everybody’s darling, / but she never lost her head / even when she was giving head / she says: Hey Babe, / take a walk on the wild side.

            No puedo asegurar que para un lector español sea tan evidente la alusión a Walk on the Wild Side de Lou Reed, pero para una mayoría de lectores latinoamericanos sí lo será y cuando la novela se traduzca al inglés resultará todavía más obvio, porque los quinquis serán vulgares delinquents, La frontera azul volverá a ser The Margin Water y muy probablemente Las leyes de la frontera podría traducirse como The Laws on the Wild Side.

Ya me imagino a Michiko Kakutani observando que en Soldados de Salamina un miliciano dejó vivir a Sánchez Mazas después de mirarlo a los ojos con una mezcla insondable de alegría y crueldad, y que en Las leyes de la frontera un policía dejó libre a un delincuente juvenil después de comprobar que sus ojos eran como los de “un conejo deslumbrado por los faros del coche que está a unto de atropellarlo”. Parece la misma escena pero no es igual, porque después de publicar Soldados de Salamina Javier Cercas conoció el lado salvaje y descifró una ley que reinan incontestable en los finales de La velocidad de la luz y Anatomía de un instante: casi todos los héroes son villanos en busca de redención.

Las leyes de la frontera.  - LITERATURA RANDOM HOUSE (2012)
Las leyes de la frontera.
Javier Cercas, JAVIER CERCAS MENA
LITERATURA RANDOM HOUSE
2012
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